Metro 2035. Un lugar muerto donde todo está vivo
7 marzo, 2017 RESEÑAS No responses

Metro 2035 es la tercera novela de una saga que parece inagotable. Dmitry Glukhovsky nos adentra en un subsuelo donde la oscuridad toma, como para los esquimales el hielo, infinidad de tonalidades.

En esta novela el dónde adquiere una importancia mayúscula, la profundidad de los túneles del metro, el terror que se esconden en algunas estaciones y la miseria soterrada a la que nos hace testigos el autor, es más importante que la mismísima misión del protagonista. Con respecto al contexto podemos disfrutar de un autor que se ha curtido en estos entornos narrativos y que llega a su particular culmen de terror, miseria y misterio en este último relato postapocalíptico.

Hace veinte años, tras una guerra con occidente, Rusia bombardea y es bombardeada hasta que no queda un alma sobre la faz de la tierra. Claro que, en la capital rusa, bajo su superficie mellada e irradiada, ha sobrevivido una colonia de moscovitas. Artyom, el que ya fuera protagonista en Metro 2033, es uno de ellos, y se embarcará en la suicida misión de descubrir si verdaderamente son los únicos supervivientes, o el mundo aún late ahí fuera. En su mochila: un fusil, un contador geiser, una radio y unos principios morales impropios de la época que le ha tocado vivir.

Era como un parto. Moscú era como una mujer que había muerto y que en su cuerpo cada vez más rígido albergaba niños todavía vivos. Y éstos querían salir al mundo y lloraban en sus entrañas. Pero Moscú ya no dejaba salir a nadie más. Apretaba su coño de hormigón y ahogaba a sus últimos niños, y éstos sufrían un poco más hasta que por fin la dejaban en paz sin haber llegado a nacer.

Sus esperanzas, y sus ansias de libertad serán su motor, el combustible será una suerte de remordimientos y frustraciones pasadas. Todo eso hará que el protagonista se mueva por el metro, sea testigo y víctima de feroces atrocidades, sucumba ante amistades engañosas y derribe más de una conciencia. Es un juego de poderes y entidades ocultas que irán desvelándose durante el viaje, tan increíbles que puede que pudieran cambiar el submundo donde habitan 40.000 personas, o puede que, por el contario, no provoque más cambio que el que provocaría una verdad en un mundo donde el idioma es la mentira.

Te hará sentir desquiciado y a veces frustrado, también te situará en lugares que te obligarán a hacer uso de tus instintos primitivos, te hará reflexionar sobre lo que serías capaz de hacer y cuán rentable podría llegar a ser convertirte en un héroe en un lugar donde nadie busca salvarse.

Esta es una novela que te lleva sin más remedio, y sin billete de vuelta, a comparar al ser humano con alguno de sus parientes genéticamente más cercanos. Cito textualmente:

Entonces Pyotr Iyich lo agarró por la cola y, sin movimientos bruscos, le dio la vuelta para encaminarlo a la salida de la pocilga.

―Ten cuidado. Podrían escaparse los otros ―dijo Artyom.

―No, les da miedo salir.

Dmitry Glukovsky demostrará su maestría a la hora de encajar personajes, a los que les acabas cogiendo cariño, en situaciones de suma fragilidad. Acabarás respirando sólo al final de algunos capítulos, y una particular sensación claustrófiba te acompañará durante el relato.

Si bien es verdad que es una obra que recomiendo muchísimo y que animo a retomar a los lectores más desencantados con su segunda entrega, Metro 2034, tengo que decir también que Dmitry vuelve a cojear en sus diálogos, y que Artyom da la sensación de ser un histérico que anda gritando su versión de lo que acontece en cuanto tiene la oportunidad. Personalmente he tenido la impresión de haber sido testigo de un personaje que, a pesar de haber pasado por innumerables experiencias vitales de gran tonelaje, no ha llegado a madurar y se mantiene aún impertérrito en una actitud adolescente al que las verdades le van abofeteando a diestro y siniestro, hasta dejarlo solo o malherido. O ambas.

A pesar de lo mencionado, Metro 2035 es posiblemente la mejor novela que he leído del autor, ha crecido y nos deja constantemente con comparaciones y comentarios geniales. Dota al relato de una vivacidad verosímil y provoca una sensación de inmersión completa. Nos deja sueltos en un lugar muerto donde todo está vivo, y eso se celebra.

Los regímenes políticos no son indestructibles, los imperios envejecen y mueren, pero las ideologías son como los bacilos de la peste. Se quedan dormidos dentro de los cadáveres que ellos mismos tienen sobre su conciencia y pueden quedarse allí durante quinientos años. Entonces llega alguien que en algún lugar cava un túnel, tropieza por sorpresa con el cementerio donde reposan las víctimas de la peste… toca los viejos huesos… y ya no importa el idioma que hable ni lo que crea. Al bacilo todo le viene bien.

Título: Metro 2035
Editorial: Timunmas
Páginas: 543
Precio: 21,50€

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Psicopedagogo venido a más que decide dedicarse a las letras. Leo y escribo para crear misterios sobre aquello que prefiero no desvelar. Lo importante no merece pregunta, merece muchas respuestas. Hola.

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