La historia de tu vida podría cambiar tu vida
6 marzo, 2017 ARTÍCULOS No responses

La llegada (The arrival), ganadora de un óscar, y basada en el relato corto de Ted Chiamg, La historia de tu vida (The story of your life), aspira a remover nuestra perspectiva de la realidad.

Pero, ¿de qué trata?

La historia de tu vida es un relato corto que intercala a Louise Banks, una prestigiosa filóloga, en dos tiempos distintos: por un lado, la podemos leer dirigiéndose a su hija, contándole distintos episodios familiares, y por el otro leeremos como se enfrenta a la tarea de intentar comunicarse con unos alienígenas que, sin llamar a la puerta, se han presentado en nuestro planeta.

Aparecen los extraterrestres (sí, va de extraterrestres) y es un momento en que la humanidad tiene que decidir si pretende actuar bajo una única voz, como una única especie, o dejarse vencer por rencillas internas que nos inmovilicen. Este dilema es muy recurrido en otras obras (Véase por ejemplo «El problema de los tres cuerpos» de Cixin Liu), y algunos intelectuales entienden que el siguiente gran impulso de nuestra especie a nivel tecnológico e ideológico se decidirá en estos términos: Tras el conocimiento de una vida extraterrestre ante la que nos sintamos amenazados. Si bien el relato muestra una hermandad y colaboración entre los humanos, en su adaptación cinematográfica se prescinde de este buen rollo y se escoge por mostrar una lucha dialéctica entre los gobiernos de cada una de las naciones. Holliwood se decanta, una vez más, por mantener al espectador en un estado de tensión y alerta al que nos tiene acostumbrados, y que se aleja del relato original.

¿Qué pinta una filóloga en todo esto?

Volvamos a la ―al mismo tiempo― señorita y señora Banks, debemos de no olvidarnos de su estudio filológico: Los Heptápodos, como apodarán a los extraterrestres, muestran dos tipos de idiomas (A y B), en el primero, de carácter fonético, se comunican a través de unos ruidos ininteligibles:

«La grabación sonaba vagamente como la de un perro mojado que se sacudiese el agua del pelo»

Mientras que en el Heptápodo B (aquí viene la parte jugosa para los interesados en filología) se comunican a través de símbolos circulares, que la protagonista acaba denominando como escritura semasiográfica con una sintaxis visual. Es decir, los logogramas que muestran estas criaturas para comunicarse de forma escrita, no tienen relación con el lenguaje fonético, y se basan en unos círculos con apéndices irregulares que, al ser combinados en una determinada posición, expresan un significado u otro.

La narrativa de este relato se apoya en las características de su lenguaje escrito junto con teorías de la física, para explicar como el lenguaje nos puede condicionar nuestra percepción de la realidad (esto no está del todo apoyado en bases científicas, pero se utiliza aquí como muleta narrativa). La teoría física que mencionan en el relato es la del principio de Fermat el cual nos ayuda a entender el significado del relato, y consiste básicamente en que la trayectoria real que sigue un rayo de luz entre dos puntos es aquella en la que emplea un tiempo mínimo en recorrerla. Es decir, que la luz tiene que saber dónde va antes de llegar, la luz tiene conoce su destino y todos los caminos posibles antes de abordarlos, es decir, la luz tiene una conciencia futura.

«Pensé para mí: el rayo de luz tiene que saber dónde acabará antes de poder elegir la dirección en la que empezará a moverse. Supe a qué me recordaba eso.»

Cuando el relato desvela esta conciencia, presenta también la idea de que a medida que alguien se adentre y vaya aprendiendo el idioma escrito de los Heptápodos, empezará a concebir el mundo como ellos los conciben, es decir, de forma bidireccional: Tendrá conciencia del futuro con más nitidez cuanto más cercano sea, al igual que ocurre con el pasado. Seríamos entonces capaces preveer lo que va a ocurrir con total exactitud, pero tendremos ciertos problemas para demostrar esa exactitud si hablamos de que pueda ocurrir dentro de algunos años, como ocurre con el pasado. (El autor se apoya aquí en la hipótesis no demostrada de Sapir-Whorf)

Entonces, si dos personas supiesen que van a decir cada una de ellas en una conversación, por qué decirlas; por qué no obviarlas. Imaginaros, dos personas se miran a los ojos esperando que cada una interprete su papel, una obra en la que las palabras ya están sabidas de antemano, un teatro. Sin ir más lejos.

¿Pero por qué decirlas? ¿Para qué hablar cuando la otra persona ya sabe lo que vas a decir, y viceversa? Pues simplemente porque sin esas palabras consabidas no hay función, no hay teatro.

«Todos los asistentes a una boda anticipaban las palabras «Yo os declaro marido y mujer», pero hasta que el oficiante no las dijera realmente, la ceremonia no era válida»

¿Qué harías si conocieras tu futuro?

A estas alturas entendemos perfectamente por qué nuestra protagonista intercala monólogos conjugados en futuro en los que le habla a una hija que aún no ha tenido, pero nos queda por averiguar una cuestión: Si conocemos el futuro, por qué no cambiarlo. ¿Por qué tomar algunas decisiones que sé que me serán dolorosas? ¿Por qué no evitar mi muerte o la de mis seres queridos, o por qué no apostar a los números premiados de la lotería?

«Es como esa famosa ilusión óptica, el dibujo que puede ser de una joven elegante, con la cara escondida al espectador, o una vieja con verrugas en la nariz, con la barbilla metida en el pecho. No hay una interpretación «correcta»; ambas son igualmente válidas. Pero no pueden verse las dos al mismo tiempo. De igual forma, el conocimiento del futuro era incompatible con el libre albedrío. Lo que hacía posible que yo ejerciera mi libertad de elección también volvía imposible que conociera el futuro. Y, al contrario, ahora que conozco el futuro, nunca actuaría contra ese futuro, incluyendo decirles a los demás lo que sé: los que conocen el futuro no hablan sobre él. Aquéllos que han leído el Libro del tiempo nunca lo admiten.«

Para mí el relato es un desafío a la aceptación, un cántico a la armonía y la calma. Cuando la protagonista conoce su futuro no le inunda el deseo de querer cambiarlo, sino que lo acepta de forma estoica, lo percibe como percibe su pasado. Nadie piensa en por qué no debería cambiar su pasado, y es que en con una óptica secuencial del tiempo es imposible, ¿pero y si el futuro tuviera la misma naturaleza? Si estuviéramos detenidos en un punto dentro del trazo de un círculo, veríamos ambas direcciones igualmente inamovibles. Ya lo dice Nerdwriter en su video en el que analiza fantásticamente bien la película: Esta historia, al igual que el idioma que usan los Heptápodos, es un círculo. Cuando acaba vuelve al inicio, y ningún círculo puede decidir virar en otro sentido que no sea en el que ya está dibujado.

«La vida es una obra de teatro que no permite ensayos» dijo Chaplin, y este círculo asiente dándole la razón.

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Psicopedagogo venido a más que decide dedicarse a las letras. Leo y escribo para crear misterios sobre aquello que prefiero no desvelar. Lo importante no merece pregunta, merece muchas respuestas. Hola.

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